Santa Fe 2023
56º Latitud Sur - de Castilla a Tierra del Fuego
Rosa Kauxia
Llegaron del norte
1520
Ese año 1520 se produjo el primer contacto con el pueblo Aónikenk, la rama más austral del grupo lingüistico y cultural Tehuelche, que habitaban desde hace miles de años las estepas patagónicas, Shelk`nam en la Isla Grande de Tierra del Fuego [dos veces más grande que Sicilia] y los pueblos Kawéskar que habitabam desde tiempos milenarios en las los archiélagos occidentales que dibujan el estrecho de Magallanes. Pocos años después después también serían contactados con diferente suerte los pueblos Yamanas y Hauch por los navegantes europeos que reconocieron en las islas más remotas, las más alejadas del mundo.
En el imaginario europeo impreso en incontables ediciones de libros de viajes de poetas y cronistas sólo quedó de la presencia humana la imagen de las fogatas humeantes que dieron nombre a Tierra del Fuego [nada extraordinario en las costas vistas desde el mar] y el término “Patagón” cuya fonética evoca en castellano del siglo XVI un gigante con pies grandes, como un “Bigfoot”, tomado de Primaleón, el famoso best seller de 1512. El Patagón bajaba de las montañas y, entre otras lindeses, raptaba a las mujeres. Patagón deriva de la voz “Paflagonia”, una región a orillas del mar Negro, en la costa norte de Turquía, cerca de Sinope, la patria de Diógenes y el origen del rojo de sinope utilizado en las sinopias renacentistas. El mismo rojo arcilloso de óxido de hierro que los nativos se ponían en sus cuerpos, como lo hacen aún en muchas aldeas amazónicas y africanas. Como la Insula Utopía de Tomás Moro pudo estar inspirada en los relatos idílicos del Mundus Novus de Americo Vespucio, muchos relatos fantasiosos de Pigafetta que pusieron a los patagones gigantes en la historia también inspiraron posiblemente a Shakespeare en personajes como “Canibal” o “Setebos”, nombrados en su obra La tempestad. Esos relatos de Pigafetta deben haber llegado de forma indirecta a Shakespeare en inglés a través de Robert Eden, quien en su The History of Travayle de 1567 incluyó una versión abreviada del relato de Pigafetta, cuyos originales manuscritos, por cierto, no existen. Hay que recordar que fue traducido por primera vez al castellano en 1888 por el historiador chileno Toribio Merino de ediciones anteriores de otros idiomas.
La publicación de los relatos del honorable John Byron A Voyage Round the World in His Majesty’s Ship the Dolphin... dejó una huella duradera en la imagen de los patagones como gigantes y muchos de estos grabados dieron la vuelta al mundo como su protagonista.
De los pueblos originarios de esas regiones nada o poco se dijo hasta siglos más tarde. Desde tiempos milenarios las estepas patagónicas de la actual Argentina estaban habitadas por el pueblo Aónikenk, la rama más austral Tehuelche. En el archipiéalago fueguino los Selk`nam, Kawésqar,Yaganes y Haush en la isla Grande de Tierra del Fuego y en los archipiélagos sur occidentales más australes. Son pueblos del mar, guerreros del viento, isleños
La vasta región de los canales patagónicos, desde el archipiélago de Tierra del Fuego hasta la Isla Grande de Chiloé al norte, fue el último rincón de América en ser conquistada y arrebatada a los nativos. Las páginas más oscuras se escribieron en el siglo XIX y XX tras las independencias de Chile y Argentina del Reino de España. El estrecho de Magallanes y la práctica totalidad del archipiélago pasó a formar parte del territorio chileno.
A partir del siglo XIX misioneros como el austríaco Gusinde, el italiano Agostini o el británico Bridges se ocuparon de hacer visible la precaria situación de los pueblos fueguinos y dejaron testimonios de sus lenguas, de sus tradiciones, vivieron como ellos y redactaron diccionarios bilingües, registros fotográficos de los hechos, incluso grabaciones sonoras de sus lenguas hoy extintas.
Para mediados del siglo XIX ya habían llegado para quedarse muchas familias británicas, alemanas y del este de Europa. “Ancha es Castilla” y ancha es también es la extensa Patagonia y su situación estratégica como única vía que comunica los dos grandes océanos del mundo. Consecuentemente, sus intereses mercantiles abarcaron el comercio, la industria naviera y la adquisión de grandes extensiones de territorios en la Patagonia chilena y argentina. La industria minera siempre se alternó con otras industrias como la caza a gran escala de ballenas, focas. ect. con familias instaladas en grandes estancias para explotación masiva de ovejas.
El Genocidio Selk`nam y los Zoológicos Humanos
Los nativos que entorpecían la explotación de esos territorios fueron eliminados en lo que se conoce hoy como el Genocidio Shelknam. En los mercados europeos se pagaban 7 libras por cada cabeza u oreja. Otros prefirieron raptarlos y llevarlos directamente enjaulados a los zoológicos europeos o Musée Noire que estaban incluyendo en las ferias internacionales más prestigiosas de Londres, París y otras muchas ciudades, incluido Madrid. Allí acabaron los sueños de los patagones. En 1881, un grupo de 11 kawésqar fueron capturados en Tierra del Fuego por el empresario alemán Carl Hagenbeck. Fueron llevados a París para ser exhibidos en el Jardin d’Acclimatation, y después, como si de un tour se tratara, el Jardín Zoológico de Berlín, Leipzig, Munich, Stuttgart, Nuremberg y terminaron su recorrido en Zürich. Tras 129 años algunos huesos conservados en la Univeridad de Munich para su estudio, volvieron a la Patagonia en un esfuerzo reparador del gobierno chileno. Si Darwin consideró a los fueguinos el último eslabón entre los seres humanos y los animales, más sorprendente es la postura xenófoga del historiador chileno Barros Arana cuyo nombre luce en todas las calles de las ciudades de Chile.









